OCTAVO MANDAMIENTO: NO ROBARÁS

OCTAVO MANDAMIENTO: NO ROBARÁS
DEUTERONOMIO 5:19

Autor: Josué Fernández Quiñones

1. Con respecto al octavo mandamiento, los textos más resaltantes en el libro de Deuteronomio son los siguientes:
·         “En la heredad que poseas en la tierra que Jehová tu Dios te da, no reducirás los límites de la propiedad de tu prójimo, que fijaron los antiguos.” Deuteronomio 19:14.
·         “Si vieres extraviado el buey de tu hermano, o su cordero, no le negarás tu ayuda; lo volverás a tu hermano. Y si tu hermano no fuere tu vecino, o no lo conocieres, lo recogerás en tu casa, y estará contigo hasta que tu hermano lo busque, y se lo devolverás. Así harás con su asno, así harás también con su vestido, y lo mismo harás con toda cosa de tu hermano que se le perdiere y tú la hallares; no podrás negarle tu ayuda.” Deuteronomio 22:1-3.
·         “Cuando entres en la viña de tu prójimo, podrás comer uvas hasta saciarte; mas no pondrás en tu cesto”. Deuteronomio 23:24.
·         “Cuando fuere hallado alguno que hubiere hurtado a uno de sus hermanos los hijos de Israel, y le hubiere esclavizado, o le hubiere vendido, morirá el tal ladrón, y quitarás el mal de en medio de ti.” Deuteronomio 24:7.
·         “No tendrás en tu bolsa pesa grande y pesa chica, ni tendrás en tu casa efa grande y efa pequeño. Pesa exacta y justa tendrás; efa cabal y justo tendrás, para que tus días sean prolongados sobre la tierra que Jehová tu Dios te da. Porque abominación es a Jehová tu Dios cualquiera que hace esto, y cualquiera que hace injusticia.” Deuteronomio 25:13-16.
·         “Maldito el que redujere el límite de su prójimo. Y dirá todo el pueblo: Amén.” Deuteronomio 27:17.
2. Bosquejo de Deuteronomio

I. Discursos de Moisés (capítulos 1-30)
1.1. Primer discurso: Remembranza de los hechos de Dios (1:1-4:43)
1.1.1. Introducción al primer discurso de Moisés (1:1-5)
1.1.2. Moisés recuerda la guía de Dios (1:6 - 3:29)
1.1.3. Moisés exhorta a Israel a la obediencia (4:1-40)
1.1.4. Moisés designa ciudades de refugio (4:41-43)
1.2. Segundo discurso: Estipulación de la ley de Dios (4:44 - 26:19)
1.2.1. Introducción al segundo discurso de Moisés (4:44-49)
1.2.2. Los diez mandamientos (5:1-33)
1.2.3. El gran mandamiento (6:1-25)
1.3.4. Las advertencias sobre la idolatría (7:1-26)
1.4.5. El llamado a recordar y obedecer a Dios (8:1 - 11:32)
1.5.6. La estipulación de las leyes religiosas y civiles (12:1 - 26:19)  
1.3. Tercer discurso: Exhortación a la obediencia a Dios (27:1 - 30:20)
1.3.1. La orden de construir un altar en el mote Ebal (27:1-26)
1.3.2. Las bendiciones a la obediencia (28:1-14)
1.3.4. Las maldiciones a la desobediencia (28:15-68)
1.3.5. Las condiciones del pacto (29:1-29)
1.3.6. El llamado a volver a Dios (30:1-10)
1.3.7. La elección de Israel a obedecer a Dios (30:11-20) 
II. Sucesos finales de Moisés (capítulos 31-34)
2.1. Moisés encarga a Josué como líder (31:1-23)
2.2. Moisés establece guardar la Ley junto al arca del pacto (31:24-29)
2.3. Moisés entona su cántico (31:30 - 32:1-52)
2.4. Moisés bendice a Israel (33:1-29)
2.5. Moisés fallece en Moab (34:1-12)

3. Explicación de las partes del bosquejo propuesto de Deuteronomio
            En el bosquejo propuesto, el libro de Deuteronomio se divide en dos partes: “Los discursos de Moisés” y “Los sucesos finales de Moisés”.
            En “Los discursos de Moisés” se desarrollan tres discursos que Moisés dirige al pueblo de Israel. En el primer discurso, Moisés recuerda, a una nueva generación de israelitas, la bondad y la guía que Dios tuvo para con ellos desde Sinaí hasta Horeb. En el segundo discurso, Moisés señala los mandamientos y leyes de Dios a su pueblo. Dichos mandamientos y leyes, que regirían la vida Israel, se establecen en forma de pacto. Por último, en el tercer discurso, Moisés exhorta a Israel a la obediencia, señalando las bendiciones de la fidelidad a Dios y las maldiciones en caso de no cumplirlas.
            En “Los sucesos finales de Moisés” se desarrollan las últimas acciones de Moisés hasta su muerte.  Tales acciones son: el encargo a Josué de  liderar Israel, la orden a Israel de guardar el libro de la ley junto al arca del pacto, la entonación de su cántico, las bendiciones para las tribus, y su fallecimiento.     
4. Contexto literario del Decálogo.
            En el bosquejo propuesto, el Decálogo se ubica en el segundo discurso de Moisés: “Estipulaciones de la ley de Dios” (Cap.5-29). Específicamente, el Decálogo se describe en el pasaje que abarca desde el versículo 6 al 21 del capítulo 5. Dicho pasaje se encuentra antecedido por un llamado a la obediencia y una remembranza del pacto en Sinaí por parte de Moisés. Asimismo, el pasaje del Decálogo está sucedido por la remembranza de la actitud de Israel al escuchar al Señor en el Sinaí y un llamado a la obediencia por parte de Moisés.  
            El Decálogo está antecedido por un llamado a la obediencia (Dt. 5:1b) y la remembranza de Moisés del pacto de Dios con Israel (Dt. 5:2-5). En otras palabras, luego que Moisés reuniera a todo el pueblo de Israel (Dt. 5:1a), hace un llamado a Israel a escuchar con atención y a obedecer los decretos y las ordenanzas que les estaba por anunciar. Asimismo, Moisés recuerda en forma de remembranza al pueblo de Israel el pacto que Dios hizo con ellos en el Sinaí. Cabe señalar que en esta remembranza, Moisés enfatiza su rol intermediador entre Dios y ellos (Dt. 5:5a).
            El Decálogo está sucedido por una remembranza de la actitud de Israel ante la teofanía con la que Dios se les presentó (Dt. 5:22-27), y un llamado a Israel a obedecer todos los mandatos de Dios (Dt. 5:32-33). Luego de trasmitir el Decálogo a Israel, Moisés recuerda a Israel la actitud de temor que habían sentido al escuchar la voz de Dios en el Sinaí. En aquella ocasión, Dios había hablado con fuerte voz en medio de fuego, envuelto en nubes y densa oscuridad (Dt. 5:22), lo que hizo temer al pueblo de Israel. Cabe señalar que en esta remembranza se enfatiza el rol mediador de Moisés entre Dios e Israel para trasmitir los mandatos, los decretos y las ordenanzas (Dt. 5:31). Después de recordar la actitud de Israel en el pacto en Sinaí, Moisés exhorta a Israel a obedecer todos los mandatos de Dios.  
5.  Estructura del Decálogo. ¿Cuál es la ubicación de su mandato dentro de dicha estructura?
            El Decálogo está constituido por un preámbulo (Dt. 5:6) y diez mandamientos (Dt. 5:7-21). El preámbulo del Decálogo está constituido por dos elementos: una autopresentación de Dios y una referencia histórica del favor de Dios para con Israel. Por otro lado, los diez mandamientos se estructuran en dos grupos. El primer grupo está conformado por los primero cuatro mandamientos (Dt. 5:7-15), y el segundo grupo por los últimos seis mandamientos (Dt. 5:16-21). Cabe señalar que el criterio utilizado para agrupar los mandamientos es la relación a la que hacen referencia. El primer grupo de mandamientos hace referencia a la relación del hombre con Dios, mientras que el segundo grupo de mandamientos a la relación del hombre con su prójimo.       
            El octavo mandamiento del Decálogo se ubica en el segundo grupo de mandamientos. En la estructura del Decálogo, el segundo grupo de mandamientos regulan la relación del hombre con su prójimo. En este sentido, el octavo mandamiento regula ciertos aspectos de la relación que tiene el hombre con su prójimo.
            En el siguiente cuadro se grafica la estructura del Decálogo:  
EL DECÁLOGO
PREÁMBULO O PROEMIO
Autopresentación
Yo soy Jehová tu Dios (Dt. 5:6a)
Referencia histórica
que te saqué de tierra de Egipto, de casa de servidumbre. (Dt. 5:6b)
LOS DIEZ MANDAMIENTOS
Mandamientos que regulan la relación del Hombre con Dios.
Primer mandamiento
No tendrás dioses ajenos delante de mí. (Dt. 5:7) 
Segundo mandamiento
No harás para ti escultura, ni imagen alguna de cosa que está arriba en los cielos, ni abajo en la tierra, ni en las aguas debajo de la tierra. (Dt. 5:8) 
No te inclinarás a ellas ni las servirás; porque yo soy Jehová tu Dios, fuerte, celoso, que visito la maldad de los padres sobre los hijos hasta la tercera y cuarta generación de los que me aborrecen, (Dt. 5:9) 
y que hago misericordia a millares, a los que me aman y guardan mis mandamientos. (Dt. 5:10) 
Tercer mandamiento
No tomarás el nombre de Jehová tu Dios en vano; porque Jehová no dará por inocente al que tome su nombre en vano. (Dt. 5:11) 
Cuarto mandamiento
Guardarás el día de reposo para santificarlo, como Jehová tu Dios te ha mandado. (Dt. 5:12)
Seis días trabajarás, y harás toda tu obra; (Dt. 5:13)
mas el séptimo día es reposo a Jehová tu Dios; ninguna obra harás tú, ni tu hijo, ni tu hija, ni tu siervo, ni tu sierva, ni tu buey, ni tu asno, ni ningún animal tuyo, ni el extranjero que está dentro de tus puertas, para que descanse tu siervo y tu sierva como tú. (Dt. 5:14) 
Acuérdate que fuiste siervo en tierra de Egipto, y que Jehová tu Dios te sacó de allá con mano fuerte y brazo extendido; por lo cual Jehová tu Dios te ha mandado que guardes el día de reposo. (Dt. 5:15) 
Mandamientos que regulan la relación del Hombre con su prójimo.
Quinto mandamiento
Honra a tu padre y a tu madre, como Jehová tu Dios te ha mandado, para que sean prolongados tus días, y para que te vaya bien sobre la tierra que Jehová tu Dios te da. (Dt. 5:16) 
Sexto mandamiento
No matarás. (Dt. 5:17) 
Séptimo mandamiento
No cometerás adulterio. (Dt. 5:18) 
Octavo mandamiento
No hurtarás. (Dt. 5:19) 
Noveno mandamiento
No dirás falso testimonio contra tu prójimo. (Dt. 5:20)
Décimo mandamiento
No codiciarás la mujer de tu prójimo, ni desearás la casa de tu prójimo, ni su tierra, ni su siervo, ni su sierva, ni su buey, ni su asno, ni cosa alguna de tu prójimo. (Dt. 5:21)

6. Comparación: semejanzas y diferencias
            García López (1994) considera que las múltiples referencias a Yahvéh constituyen un elemento esencial en el Decálogo, tanto así que su presencia o ausencia tendría un valor estructurante. En consecuencia, García López (1994) estructura el Decálogo en tres bloques específicos, tomando como criterio el uso del lenguaje para referirse a Yahvéh y al prójimo.
            Los bloques que estructuran el Decálogo para García López son los siguientes:
·         Yahvéh (primera persona). En este bloque aparece Yahvéh con el pronombre personal en primera persona. Este bloque abarca el primer y el segundo mandamiento (Dt. 5:7-10).
·         Yahvéh (tercera persona) y el prójimo. En este bloque aparece Yahvéh no en primera persona sino en tercera persona. Es decir, ya no habla Yanvéh mismo sino otra persona que habla de él y el prójimo. Este bloque abarca desde el tercer al quinto mandamiento (Dt. 5:11-16).
·         El prójimo: Yahvéh ausente. En este bloque el nombre de Yahvéh no se menciona. En lugar de Yahvéh aparece el prójimo como punto de referencia. Este bloque abarca los últimos cinco mandamientos (Dt. 5:17-21).     
            La estructura del Decálogo propuesto por García López difiere con estructura descrita en el punto 5. García López toma un criterio estructural de carácter lingüístico más que teológico. Dicho autor no toma como referencia estructural las relaciones Hombre-Dios y Hombre-Hombre que evidentemente implican los mandamientos, sino da más importancia a la mención de Yavhé en el discurso del Decálogo.   
            García Cordero (1977) manifiesta que a “simple vista” se pueden agrupar los mandamientos del Decálogo según dos tipos de preceptos: positivos y naturales. Efectivamente, para García Cordero el segundo y cuarto mandamiento son preceptos prositivos pues son de origen netamente judaico. Por otro lado, el resto de los mandamientos del Decálogo son para García Cordero preceptos propios del derecho natural o del derecho de gentes, ya que estos preceptos aparecen en las demás legisaciones del antiguo Oriente. Sin embargo, el autor no duda en señalar el carácter directo e impositivo de todos los mandamientos del Decálogo debido a la costitución teocrática de la sociedad de Israel.    
            García Cordero (1977) sostiene, además de su agrupación del Decálo en preceptos positivos y preceptos naturales, que el Decálogo manifiesta una distribución lógica. Esta distribución lógica que subraya García Cordero se debe al supuesto orden de importancia con el que van apareciendo los mandamientos del Decálogo. Por esta razón, García sostiene que los los preceptos religiosos aparecen primero antes que los preceptos civiles. Asimismo, menciona que este criterio de orden lógico se mantiene en los preceptos de proyección social.
            La estructura del Decálogo propuesto por García Cordero difiere con la estructura descrita en el punto 5. García Cordero toma dos criterios estructurales, uno propiamente jurídico y el otro lógico. En su criterio jurídico, si bien es cierto se toma el contenido de los mandamientos, se hace caso omiso a las relaciones que implican los mandamientos en sí, para dar mayor peso al derecho comparado. Asimismo, en el criterio lógico se propone una especie de jerarquía en los mandamientos, de lo cual no se aboga en la estructura propuesta del Decálogo en el punto 5. 
            Sanford Lasor, Allan Hubbard, y William Bush (2004) consideran que la estructura del Decálogo hace referencia a conformación de las clausulas de un típico tratado internacional del antiguo Cercano Oriente. Dichas clausulas del contrato se estructuraban en dos partes específicas:
·         La primera parte contenía una demanda básica de lealtad y fidelidad. En esta parte estaría sólo el primer mandamiento del Decálogo (Dt.5:7).
·         La segunda parte contenía las estipulaciones propias del contrato y la reglamentacion del vínculo dentro del imperio.  En esta parte estarían el resto de los mandamientos del Decálogo (Dt 5:8-21).
            La estructura del Decálogo propuesto por  Sanford Lasor, Allan Hubbard, y William Bush (2004) difiere con la estructura descrita en el punto 5. Estos autores toman como criterio estructural un elemento de carácter histórico legal. Si bien es cierto, el Decálogo tiene ciertas similitudes con un tratado señor-vasallo, esto no debe preponderar para su estructuración. Dios estableció los mandamientos en pacto sinaítico no como un mero señor del antiguo Cercano Oriente, sino como Dios el Señor. Por lo tanto, se debe de tomar como criterio preponderante de estructuración del decálogo las relaciones que presentan cada mandamiento. 
7. Género Literario y tipos de leyes
            El octavo mandamiento del Decálogo: “No robes” (Dt. 5:19) es una ley apodíctica. Según el modo de ser propuestas, las leyes en el Antiguo Testamento se clasificaban en dos tipos: leyes apodícticas y leyes casuísticas.  Las leyes apodícticas eran mandamientos directos positivos o negativos con una aplicación de carácter general. Dichas leyes eran de carácter paradigmático pues declaraban principios que por esencia no permitían objeción alguna. Por otro lado, las leyes casuísticas eran las leyes que presentaban elementos condicionales que permitían su aplicación. Dichas leyes eran de carácter específico y tenían como función ordenar el diario vivir de Israel. 
            El Antiguo Testamento utiliza varios géneros literarios en sus escritos. Unos de estos géneros son los textos legales. El género literario legal se caracteriza por presentar textos de corte legal o jurídico que tienen como objetivo regular el comportamiento y las relaciones humanas. En otras palabras, este género literario en el Antiguo Testamento son todas las normas o leyes que regulan las relaciones religiosas, civiles y morales de Israel. A manera de ejemplo podemos mencionar las siguientes leyes:
·         “Guardarás el día de reposo para santificarlo, como Jehová tu Dios te ha mandado” (Dt. 5:12).
·         “No dirás falso testimonio contra tu prójimo” (Dt. 5:20).
·         “Si algunos riñeren, e hirieren a mujer embarazada, y ésta abortare, pero sin haber muerte, serán penados conforme a lo que les impusiere el marido de la mujer y juzgaren los jueces” (Ex. 21:22). 
·         “Si alguno engañare a una doncella que no fuere desposada, y durmiere con ella, deberá dotarla y tomarla por mujer” (Ex. 22:16). 
            En el Antiguo Cercano Oriente, aparte del pueblo de Israel, otras naciones también hicieron uso del género legal en sus escritos. Este género lo utilizaron para la formulación de sus leyes y normas que regulaban las conductas y las relaciones sociales de las personas. En este sentido, los mayores códices legales extra bíblicos son: 
·         Las leyes de Ur-Nammu
·         El código legal de Lipit-Ishtar
·         Las Leyes de Eshnunna
·         El código de Hammurabi 
8. Éxodo 20 y Deuteronomio 5.19 
Éxodo 20: 15 (RV60)
Deuteronomio 5:19 (RV60)
No hurtarás.
No hurtarás


Comparación: Como vemos en el cuadro comparativo, no existe variación entre octavo mandamiento de Éxodo con el de Deuteronomio.
9. Versiones de la Biblia en castellano (RV60, LBLA, BTX, NVI, NTV).
Comparación de versiones: Deuteronomio 5:19
RV60
LBLA
BTX
NVI
NTV
No hurtarás
No hurtarás
No robarás
No robes
No robes

Explicación de variaciones:
            En todas las versiones señaladas, el octavo mandamiento es traducido con dos palabras. La primera palabra es traducida siempre con el adverbio de negación “no”, y la segunda palabra con el verbo “robar” o “hurtar”. Dichos verbos son traducidos en distintos tiempos y modos verbales: el tiempo futuro simple del modo indicativo (hurtarás y robarás) y el tiempo presente del modo imperativo negativo (no robes). Cabe señalar que, tanto el verbo “hurtar” como “robar” en el octavo mandamiento siempre se conjugan en segunda persona del singular.
            El uso distinto de diferentes verbos para la traducción del octavo mandamiento en el Deuteronomio se debe a un caso de sinonimia. En la lengua española se toma como palabras sinónimas los verbos robar y hurtar (Espasa Calpe, 2005). El significado de estos sinónimos es la toma o retención del bien ajeno. Sin embargo, se puede señalar una distinción en la acepción de estos dos verbos. El “hurtar” es la toma o retención del bien ajeno sin la voluntad del dueño pero sin uso de la fuerza; mientras que el “robar” es la toma o retención de lo ajeno sin la voluntad del dueño con el uso de la fuerza o la violencia (Real Academia Española, 2016).  


10. Haga un diagrama de flujo. 

Diagrama de flujo Deuteronomio 5:19 (NVI)















11. Estudie las palabras más importantes.
            Las palabras que se estudiarán a continuación será el adverbio de negación “no” y el verbo “robar”.
·         El adverbio de negación “no”. En el hebreo, el imperativo negativo hace uso de las partícula negativas: אל y לא. La primera partícula por lo general hace referencia a una prohibición inmediata y específica. Tal es el caso del siguiente texto: “Hijo mío, no te olvides de mi ley” (Pr. 3:1). Por otro lado, la segunda partícula negativa hace referencia a una prohibición permanente. Tal es el caso del octavo mandamiento:   תִּגְנֹב (robes) לא (No) (Dt. 5:19). 
·         El verbo “robar”. En el octavo mandamiento el verbo “robar” está conjugado en el estado imperfecto de la raíz Qal: תִּגְנֹב (robes) לא (No) (Dt. 5:19). La raíz primaria del verbo “robar” en el hebreo es גָּנַב (ganab). Según Strong (2002) la palabra גָּנַב (ganab) tiene los siguientes significados: robar, arrebatar, engañar (por implicación), hurtar, llevar y sacar.
·          Según Strong (2002) la palabra גָּנַב (ganab) aparece 40 veces en el Antiguo Testamento, de los cuales la forma verbal del octavo mandamiento aparecen en los siguientes textos: Gn. 31:27, 44:8; Ex. 20:15, 22:1; Lv. 19:11; Dt. 5:19, 2Sm. 9:3; Pr. 6:30; y Jr. 7:9, 23:30.
·         En la LXX, el octavo mandamiento se traduce al griego de la siguiente manera: “ου κλεψεις” (Dt. 5:19). El verbo κλεψεις proviene de la raíz verbal  κλέπτω. Según Vine (1984) el verbo κλέπτω significa hurtar, y está muy relacionado con el sustantivo κλεπτες (ladrón). El verbo κλέπτω aparece en los siguientes pasajes del Nuevo Testamento: Mt. 6:19-20, 19:18, 27:64, 28:13; Mc. 10:19; Lc. 18:20; Jn. 10:10; Rm. 2:21, 13:9; y Ef. 4:28.  
12. Comentario.
            Comentario: El octavo mandamiento del Decálogo (Dt. 5:19) es parte de un conjunto de imperativos categóricos que regula la relación del hombre con su prójimo. Este mandamiento es una ley apodíctica formulada en forma negativa. Este mandamiento demanda una constante prohibición de robar o hurtar el bien ajeno del prójimo, incluso el robar la misma persona.  
13. Literatura especializada.
            García Cordero (1977) sostiene que el octavo mandamiento del Decálogo es una disposición que protege el derecho sagrado de propiedad. García considera que el legislador hebraico estima los bienes del individuo como una proyección y continuación de su personalidad. Cabe señalar que García López (1977) manifiesta que el reconocimiento del derecho de propiedad es una de las bases de las legislaciones antiguas del Oriente.  
            García López (1994), luego de comentar la exégesis tradicional judía y de relatar el trabajo de Alt respecto al octavo mandamiento del Decálogo, concluye que dicho mandamiento “prohibe cualquier tipo de robo: el de personas, animales y cosas, sin excepción alguna” (pág. 42).  Cabe señalar, la exégesis tradicional judía asevera que el octavo mandamiento se refiere exclusivamente al rapto de personas. Asimismo, la interpretación de Alt propone que el octavo mandamiento se refiere exclusivamente al rapto o secuestro de personas.  Por otro lado, la exégesis tradiccional cristiana interpreta el octavo mandamiento de una manera general.  
            Douma (1996)            manifiesta que algunos pasajes del Nuevo Testamento llevan a pensar que el octavo mandamiento parece prohibir robar o secuestrar personas. Sin embargo, sostiene que dicho mandamiento prohíbe la acción de robar en forma general, sin especificar el objeto del robo (cosa o persona). Cabe señalar, Douma rechaza la tesis de Alt cuando este menciona que el octavo mandamiento solo se trata de robar personas, y que el robar bienes se incluye exclusivamente en el décimo mandamiento. 
            Al cotejar el comentario que se propone en el punto 12 con las conclusiones de investigadores especializados,  se corrobora que la interpretación del comentario acerca del octavo mandamiento es consistente. Los distintos autores como García López (1994), García Cordero (1977) y Douma (1996) coinciden en establecer que el octavo mandamiento prohíbe toda forma y objeto de robo.   
 14. Deuteronomio y el octavo mandamiento
            En el Deuteronomio, el octavo mandamiento se remite en los siguientes tres textos.
            Texto. “Cuando fuere hallado alguno que hubiere hurtado a uno de sus hermanos los hijos de Israel, y le hubiere esclavizado, o le hubiere vendido, morirá el tal ladrón, y quitarás el mal de en medio de ti.” Deuteronomio 24:7.
            Comentario. Esta ley casuística se encuentra en el último apartado del segundo discurso de Moisés: “La estipulación de las leyes religiosas y civiles” (Dt. 12:1-26:19). Esta ley prohíbe el secuestro de los israelitas para ser hecho esclavo o para ser vendido. Se sabe que históricamente en el Antiguo Cercano Oriento se practicaba la esclavitud, el robo y la venta de personas como una fuente de ingreso económico era muy frecuente. El quebrantamiento de esta ley se castigaba con la pena capital. Cabe señalar que esta ley se encuentra precedida y sucedida por una serie de leyes humanitarias.
            Texto. “No tendrás en tu bolsa pesa grande y pesa chica, ni tendrás en tu casa efa grande y efa pequeño. Pesa exacta y justa tendrás; efa cabal y justo tendrás, para que tus días sean prolongados sobre la tierra que Jehová tu Dios te da. Porque abominación es a Jehová tu Dios cualquiera que hace esto, y cualquiera que hace injusticia.” Deuteronomio 25:13-16.
            Comentario. Esta ley se encuentra en el último apartado del segundo discurso de Moisés: “La estipulación de las leyes religiosas y civiles” (Dt. 12:1-26:19).  Esta ley prohíbe el uso de medidas modificadas. Se sabe que antiguamente las pesas eran utilizadas por los comerciantes orientales en sus transacciones comerciales. Esta ley hace un llamado al uso justo de las medidas de las pesas y de las efas, además menciona una promesa de bendición. Cabe señalar que esta ley está precedida por una serie de leyes humanitarias; por otro lado, esta ley se encuentra sucedida por la orden de exterminar a los amalecitas. 
            Texto. “En la heredad que poseas en la tierra que Jehová tu Dios te da, no reducirás los límites de la propiedad de tu prójimo, que fijaron los antiguos.” Deuteronomio 19:14.
            Comentario. Esta ley se encuentra en el último apartado del segundo discurso de Moisés: “La estipulación de las leyes religiosas y civiles” (Dt. 12:1-26:19).  Esta ley prohíbe reducir los límites de la propiedad del prójimo. En otras palabras, esta ley regulaba los posibles fraudes que podrían cometer los hombres al querer modificar sus campos a costa de su prójimo. Se sabe que antiguamente las heredades eran delimitadas por surcos o piedras. Dichas señales podían ser fácilmente modificadas. Esta ley se encuentra precedida por las leyes sobre las ciudades de refugio (Dt. 19:1-13); por otro lado, esta ley se encuentra sucedida por las leyes sobre el testimonio (Dt. 19:15-21).
15. Josué, 2 Reyes y 2 Crónicas y el octavo mandamiento
            En el periodo comprendido entre Josué, 2 Reyes y 2 Crónica, el octavo mandamiento se remite en los siguientes tres textos.
            Texto. “Israel ha pecado, y aun han quebrantado mi pacto que yo les mandé; y también han tomado del anatema, y hasta han hurtado, han mentido, y aun lo han guardado entre sus enseres.” Josué 7:11.
            Comentario. Este pasaje son las palabras del Señor dichas a Josué. Dicho pasaje se encuentra en la narración del pecado de Acán, la cual se desarrolla en todo el capítulo 7 del libro de Josué. Acán había robado y tomado para sí lo que el Señor había ordenado destruir: “No se queden con ninguna cosa que esté destina para ser destruida” (Jos. 6:18). Por esta razón, el Señor castiga a todo al pueblo de Israel por el pecado Acán, permitiendo que el pueblo de Hai derrotase a Israel en batalla. Israel ha pecado y roto el pacto con Dios, sin embargo Dios les da otra oportunidad con la condición de eliminar al anatema. Ante las interrogantes de Josué, Acán confiesa que ha pecado contra Dios (Jos. 7:20). Acán y toda su familia muren lapidados en el valle de Acor.   
            Texto. “De esta manera hacía con todos los israelitas que venían al rey a juicio; y así robaba Absalón el corazón de los de Israel.” 2 Samuel 15:6. 
            Comentario. Este texto se describe en la narración de la rebelión de Absalón. Este texto es precedido por la mención de ciertas acciones que Absalón realiza para ganarse el favor del pueblo de Israel. Por otro lado, este texto es sucedido por el engaño que hace a David, manifestándole su supuesta devoción a Dios. El texto explica que Absalón “robaba el corazón de los de Israel”. Esto implicaría otra manera de robar al prójimo, esta manera es a través del engaño y la manipulación. Absalón buscaba a través de su estrategia política robarse la aceptación y el afecto del pueblo, de esta manera engañar y hacer cambiar la lealtad de los súbditos de su padre David. La rebelión de Absalón no dudaría mucho tiempo, al final terminaría asesinado por Joab colgado de un gran árbol (2 Sm. 18:14). 
            Texto. “Aquí estoy; atestiguad contra mí delante de Jehová y delante de su ungido, si he tomado el buey de alguno, si he tomado el asno de alguno, si he calumniado a alguien, si he agraviado a alguno, o si de alguien he tomado cohecho para cegar mis ojos con él; y os lo restituiré. Entonces dijeron: Nunca nos has calumniado ni agraviado, ni has tomado algo de mano de ningún hombre. Y él les dijo: Jehová es testigo contra vosotros, y su ungido también es testigo en este día, que no habéis hallado cosa alguna en mi mano. Y ellos respondieron: Así es.” 1 Samuel 12:3-5.
            Comentario. Estos textos se describen en el discurso de despedida de Samuel al pueblo de Israel. Estos textos están precedidos por la narración de la victoria de Saúl sobre los amonitas; por otro lado, estos textos están sucedidos por una remembranza histórica de lo que hizo el Señor en favor del pueblo de Israel.  Este conjunto de textos, Samuel  manifiesta que su conducta, a diferencia de sus malvados hijos (1 Sm. 8:3), había sido intachable. Esta conducta intachable, por parte de Samuel, implicarían la obediencia al octavo mandamiento. Samuel expresa no haber robado o tomado para sí ningún animal.    
16. Octavo mandamiento y el los profetas. 
            En los libros de los profetas del Antiguo Testamento, el octavo mandamiento se remite en los siguientes dos textos.
            Texto. “Entonces me dijo: Esta es la maldición que sale sobre la faz de toda la tierra; porque todo aquel que hurta (como está de un lado del rollo) será destruido; y todo aquel que jura falsamente (como está del otro lado del rollo) será destruido.” Zacarías  5:3.   
            Comentario. Este pasaje se encuentra en la sexta visión del profeta Zacarías: El rollo que vuela (Za. 5:1-4). Dicha visión está precedida por la quinta visión: El candelabro y los dos olivos (Za. 4:1-14), donde se enfatiza a Zorobabel el hacer del Espíritu de Dios. Por otro lado, la sexta visión del profeta Zacarías está sucedida por la sétima profecía: la mujer y  el canasto. En esta visión Zacarías enfatiza la santidad de Dios. En el pasaje de Zacarías 5:3, el gran rollo simboliza la justicia divina de Dios que anuncia maldiciones (Dt. 27:14-26) a los que roban y a los que juran en falso. En otras palabras, este rollo anuncia maldición sobre aquellos que han quebrantado el octavo y el tercer mandamiento. 
            Texto. “Perjurar, mentir, matar, hurtar y adulterar prevalecen, y homicidio tras homicidio se suceden.” Oseas 4:2 
            Comentario. Este pasaje se encuentra en los cargos de Dios para con Israel (Os. 4:1-19). Dichos cargos se encuentran precedidos por la narración del la redención de la esposa de Oseas (Os. 3:1-5). Por otro lado, este pasaje se encuentra sucedido por el anuncio de juicio por parte de Dios a Israel (Os. 5:1-15).  En el pasaje de Oseas 4:2 se describen los mandamientos que son violados constantemente por Israel. Dichos mandamientos son el no matar, el no robar y el no cometer adulterio. Cabe señalar que estos mandamientos son aquellos que regulan la relación del hombre con su prójimo.  
17. A modo de conclusión.
            A manera de conclusión, lo que podemos aprender del octavo mandamiento es conocer realmente lo que significó para el pueblo de Israel este mandamiento. Este mandamiento para Israel significó un imperativo impuesto por Dios mismo para regular la relación del hombre con su prójimo en su sociedad. Este mandamiento prohibía a todo israelita tomar para consigo un bien que no era suyo, sea por el uso de fuerza o no. Además de ello, este mandamiento contemplaba la prohibición del rapto de personas con fines comerciales o esclavistas, asimismo este mandamiento contemplaba la prohibición de todo engaño o injusticia. 
            Tomando en cuenta lo que significó este mandamiento para Israel, se puede, a la luz de las enseñanzas de Jesucristo en el Nuevo Testamento, aplicar y exhortar su obediencia en la iglesia. Para los cristianos el segundo mayor mandamiento de “Amar al prójimo” comprende el octavo mandamiento del Decálogo. Es decir, el cristiano de hoy no puede afirmar que ama a su prójimo si está robando, hurtando o engañando a su prójimo. 
            En los pasajes que se han descrito del Antiguo Testamento, se ha visto que el pueblo de Israel no contempló obedecer el octavo mandamiento, excepto el caso mencionado de Samuel. El pueblo de Israel es su devenir histórico quebrantó constantemente los mandamientos y decretos de Dios. Producto de ello, Dios enviaba juicio y castigo sobre su pueblo. Por otro lado, hay que señalar que, cuando el pueblo de Israel obedecía los mandamientos, Dios los bendecía grandemente.
18. Importancia del octavo mandamiento. 
            Sí, el octavo mandamiento, como los demás mandamientos del Decálogo, tiene una importancia trascendental para la iglesia de hoy. El cristiano debe de obedecer este mandamiento en las relaciones que establece con su prójimo. Sin embargo, esta obediencia del octavo mandamientos debe de aplicarse a la  luz de las enseñanzas de Jesucristo, ya que es él quien completó y le dio la verdadera interpretación a los diez mandamientos.  
             
Referencias bibliográficas

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Espasa Calpe. (2005). Diccionario de Sinónimos y Antónimos. Madrid: S.L.U. Espasa Libros.
García Cordero, M. (1977). La Biblia y el Legado del Antiguo del Antiguo Cercano Oriente. Madrid: Editorial Catolica S.A.
García López, F. (1994). El Decálogo. España: Editorial Verbo Divino.
Real Academia Española. (2016). Recuperado el 29 de Junio de 2016, de http://www.rae.es/
Sanford Lasor, W., Allan Hubbard, D., & William Bush, F. (2004). Panorama del Antiguo Testamento. Gran Rapids: Libros Desafío.
Strong, J. (2002). Diccionario Strong de palabra hebreas, arameas y griegas del Antiguo y Nuevo Testamento. Miami: Editorial Caribe.
Vine, W. (1984). Diccionario Expositivo de Palabras del Nuevo Testamento. (S. Escuain, Trad.) Barcelona: Clie.





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