CAUSAS DE LA SEGUNDA GUERRA MUNDIAL

CAUSAS DE LA SEGUNDA GUERRA MUNDIAL
Autor: Josué Fernández Quiñones
La Segunda Guerra Mundial responde a causas sociales, económicas, políticas y militares. Entre las cuales, las principales fueron las siguientes:
·         El Tratado de Versalles de 1919, que significó el final de la Primera Guerra Mundial.
·         La crisis económica de norteamericana de 1929 y su repercusión en Europa.
·         Las ideológicas totalitarias fascistas y nazistas.
·         Los afanes imperialistas de Alemania, Italia y Japón.
·         La debilidad de las potencias democráticas de Francia y Reino Unido.
·         La carrera armamentista de las potencias europeas.
·         El fracaso de la Sociedad de Naciones para mantener la paz mundial.
A continuación desarrollaremos cada una de estas causas mencionadas con mayor detenimiento.
1. El Tratado de Versalles 1919
Al finalizar la Primera Guerra Mundial, se estableció en Francia el tratado de paz de Versalles en 1919. Este tratado es considerado, por la mayoría de historiadores, como una de las principales causas que desencadenaron la Segunda Guerra Mundial. Al respecto de esto, Toribio (1989) afirmó que “todos los historiadores solventes están de acuerdo en considerar los tratados que pusieron término a la primera guerra mundial como la causa más determinante del estallido de la segunda” (pág. 19). Asimismo, Castillo (1986) expresó que “un 90% de las causas que generaron la Segunda Guerra Mundial, se encuentran en el Tratado de Versalles” (pág. 92).
Existen cuatro razones por las cuales el Tratado de Versalles es condiderado una de las principales causas de la Segunda Guerra Mundial: la primera, es la estipulación de duras condiciones que se le dio a Alemania; la segunda, es es la crisis económica y política que causó a Alemania y otros países europeos; la tercera, es el resentimiento y analelo rechanchista que originó en Alemania; y cuarta, es deterioro que provocó en las relaciones internacional europeas.
2. La crisis económica de 1929
            La crisis económica de 1929 significó la desbastadora caída del mercado de valores de Estados Unidos y la posterior gran depresión. Esta crisis, debido al peso de la economía norteamericana y los préstamos en el exterior, se extendió por el resto del mundo.
            En Europa, uno de los principales afectados por la gran depresión fue Alemania, pues ocasionó la caída de su producción industrial, ocasionando despidos masivos y paros laborales. En referencia a esto, Machaca (2006) afirmó que la “producción industrial [alemana] cayó a la mitad en esos años, el paro de labores alcanzó dimensiones espectaculares: dos millones en 1929, cinco en 1931 y seis en 1932” (pág. 75)
            Esta crisis económica y social alemana fue aprovechada por el Partido Nacional Socialista (Nazi) de Adolfo Hitler para tomar el poder en Alemania. Delgado de Cantú (2000) mencionó al respecto lo siguiente:  
El descontento del pueblo fue aprovechado por el Partido Nazi para atraerse la simpatía de los obreros al prometerles un verdadero  “socialismo” que acabara con el desempleo y consiguiera el bienestar para los trabajadores. Fue entonces cuando el Partido Nazi empezó a ser considerado como una opción posible para solucionar los problemas económicos y sociales de Alemania. (pág. 655).
            Fue así que, la crisis norteamericana de 1929 y su expansión, provocó el ascenso del partido Nazi en Alemania en 1933, lo que significó la instauración de un régimen totalitario que llevaría al mundo a un conflicto bélico global.  
3. Las ideologías totalitarias
Una de las causas del conflicto de la Segunda Guerra Mundial fue la contradicción que hubo entre las ideologías acogidas por las distintas potencias mundiales (Benavides, Narrea, Terry, y Díaz, 1999). Mientras que Francia, Reino Unido y Estados Unidos representaban la democracia occidental; en Alemania, Italia y Japón se gestaban regímenes fascistas tras un escenario posbélico de crisis económica, política e ideológica, que originó un exacerbamiento de sentimientos nacionalistas y afanes imperialistas de dominar el mundo.
Estas ideologías fascistas que se presentaron en Alemania, Italia y Japón, tuvieron ciertas particularidades. A continuación, observaremos las ideas más resaltantes de cada régimen fascista.
El fascismo italiano al mando de Benito Mussolini se organizó en base a las siguientes ideas políticas, económicas y sociales:
·         El Estado se encuentra por encima de todo. El individuo debe servir al Estado y no el Estado al individuo.   
·         Solo un grupo reducido, la élite, debe gobernar y el resto obedecer.
·         El empleo de la fuerza es necesario para el logro de los objetivos del Estado, tanto en asuntos internos como externos.
·         La guerra es un bien, no un mal.
·         Total restricción a cualquier oposición al régimen.
·         La economía del país debe ser controlada por el Estado bajo un sistema corporativo.
3.2. El nazismo alemán.
El régimen nazi se sustentó en las ideas políticas y sociológicas de Hitler vertidas en su libro “Meón Camp” (Mi lucha). Las ideas más resaltantes sostenían lo siguiente:
·         La superioridad racial del pueblo alemán.
·         La obligación de la raza aria de someter a los demás pueblos del mundo.
·         La depuración de la raza aria de otras razas que la han contaminado, en especial de la raza judía.
·         La integración de todos los pueblos alemanes: el pangermanismo (El Tercer Erich).
·         La necesidad natural de un gran territorio (espacio vital) para el desarrollo del pueblo alemán.
·          La supremacía del Estado sobre los individuos y el control de la economía.
·         El anticomunismo y un profundo nacionalismo. 
3.3. El militarismo japonés
El imperio del Japón no adoptó un régimen fascista de forma explícita, no obstante tuvo rasgos similares, como el totalitarismo y un exacerbado militarismo, con una marcada tendencia al imperialismo. Según Machaca (2006) las ideas fascistas que más influyeron en la vida del país fueron las siguientes:
·         El uso de la fuerza es un medio para alcanzar los objetivos.
·         Se debe dar una glorificación a la guerra y una la preparación del individuo para el combate.
·         Es necesario el fomento el espíritu nacionalista.
·         El pueblo nipón tiene el deber natural de dominar a otras naciones.
·         La democracia debe ser rechazada, en cambio el gobierno elitista debe ser exaltado.
·         El pueblo japonés es una raza superior.
·         El Estado predomina sobre el individuo.
4. El afán imperialista
Los países que perdieron su supremacía, luego de la primera conflagración mundial, anhelaron restablecer su economía de preguerra. Esta recuperación sólo se lograría con una política expansionista por parte de Alemania, Italia y Japón (Benavides et al., 1999).  Estos países buscaron el predominio político y económico, anexionando e incorporando territorios que habían perdido luego de 1919. Es así que, tanto Alemania, Italia y Japón, desarrollaron políticas con afanes imperialistas. Estos afanes aumentarían las tenciones y contradicciones entre las potencias mundiales, que encausarían en una contienda bélica mundial. 
A continuación veremos en detalle cómo es que Alemania, Italia y Japón llevaron a cabo sus políticas expansionistas.

4.1. Afán imperialista de Alemania.
            Alemania, con Hitler en el poder desde 1933, implantó una política expansiva con la tendencia de crear una “Europa central” alineada a sus intereses económicos y políticos.  Bajo esta orientación, los alemanes planificaron recuperar sus territorios perdidos luego de la Primera Guerra Mundial. Fue así que, en los años siguientes del gobierno nazi, extendieron sus fronteras.
            En 1933, Alemania nazi concibe anexionar las cuencas carboníferas del Río Sarre, en su límite occidental, y las fértiles comarcas de Ucrania, localizadas en el territorio ruso (Benavides et al., 1999).
            En 1934, el Tercer Erich intentó implantar el Anschluss, que no era otra cosa que la unificación de Alemania y Austria. Sin embargo,  esto no se llegó a concretar, ya que Italia de Mussolini estaba igualmente interesada en anexionar este país. Además de ello, el tratado de Versalles prohibía expresamente el Anschluss.
            En enero de 1935, al cumplirse el plazo la de administración sobre la cuenca del Sarre por parte de la Sociedad de Naciones, Alemania nazi incorpora este territorio por medio de un  plebiscito.
            En Marzo 1936, violando las cláusulas del tratado de Versalles, la Wehrmacht[3] ocupó Renania, una región fronteriza con Francia que había permanecido desmilitarizada desde final de la Primera Guerra Mundial (Hernández, 2009). Las cláusulas de Versalles disponía el derecho de los aliados a invadir dicha región si Alemania infringía el tratado.  Pero los aliados, Francia y Gran Bretaña, no respondieron por el establecimiento de una política de apaciguamiento. Además de ello, Francia pasaba por una inestabilidad política y económica. Y Gran Bretaña restó importancia a las acciones comandadas por Hitler, pues pensaba que los alemanes solamente recuperaban su jardín trasero al estacionar tropas en Renania. Por otro lado, la ocupación de Renania por parte de Alemania, significó el fortalecimiento del nacionalismo alemán alentado por el Tercer Erich.
En marzo de 1938, se concreta la anexión de Austria a Alemania ante la ocupación de la Wehrmacht en Viena y la posterior caída del canciller austriaco Kart von Shuschnigg. Esta anexión de Austria se suscitó ante el siguiente proceso de eventos: primero, los nazis austriacos,  financiados e incitados por el Tercer Erich, iniciaron una campaña de agitación en Austria; segundo, ante las campañas proselitistas pronazis,  el canciller austriaco Kart von Shuschnigg sostuvo una conferencia con Hitler en febrero de 1938, donde el Führer le exigió entregar el gobierno de Austria a los políticos en favor del régimen nazi; tercero, ante la impotencia, el canciller austriaco renuncia y es sustituido Arthur Seyss-Inquart, político austriaco alineado a los intereses del Tercer Erich; cuarto, la Werhmacht, por solicitud del nuevo canciller de Austria, ocupa Viena el 12 de marzo de 1938 sin oponérseles ninguna resistencia; por último, el 13 de marzo de 1938 Hitler proclama el Anschluss al pueblo alemán y al mundo.
            Ante el Anschluss, la respuesta de los aliados no fue concreta. Tanto Francia como el Reino Unido, dejaron pasar las acciones de Alemania nazi a pesar de sus claras violaciones al tratado de Versalles.  Sin embargo, hubo un diputado inglés llamado Wiston Churrchill diría lo siguiente a los Comunes: “Sólo nos queda una posible elección con respecto a nosotros y a las demás naciones; o  nos sometemos como ha hecho Austria o adoptamos las medidas eficaces para alejar el peligro, y si no es posible acabar con él(Crimberg, 1987, pág. 30). Este diputado sería el primer ministro de Inglaterra durante la Segunda Guerra Mundial. 
El primero de octubre de 1939, tras negociaciones con Francia y Reino Unido en Munich, Alemania ocupa los Sudetes en perjuicio de Checoslovaquia (Artola, 1995). Tanto Francia como Reino Unido pensaron haber conseguido perpetuar la paz al entregar los Sudetes a Hitler, sin embargo estarían muy equivocados.  Al respecto de esto último,  Hernández (2009) comentó:
 “Británicos y franceses habían creído siempre a Hitler cuando les aseguraba que cada uno de esos pasos del expansionismo alemán era su «última reivindicación en Europa», sin darse cuenta de que su ingenuidad estaba alimentando al monstruo que tarde o temprano iba a intentar destruirlos” (págs. 24-25).  
4.2. Afán imperialista de Italia.
Al igual que Alemania, Italia al mando de Mussolini, estableció políticas expansionistas con afanes imperialistas. En referencia a esto, Benavides et al. (1999) mencionan:
“Los italianos tampoco quisieron quedarse encerrados entre sus mares y no fueron ajenos a la idea de una repetición de la política romana o veneciana de su pasado histórico. Para efecto […] aspiraron Albania en Europa; Etiopía, Túnez y el Canal de Suez, en el África” (pág. 124).
En efecto, en octubre de 1935, el ejército de Mussolini, comandado por el mariscal Emilio De Bono, atacó a Etiopía sin avisos previos de guerra. Ante tales hechos,  el emperador de Etiopia, Haile Selassie, intentó infructuosamente oponerse a los invasores pues el ejército italiano era muy superior a las fuerzas etíopes (Crimberg, 1987). A finales de marzo de 1936, en la batalla de Maychew, las fuerzas italianas anularon toda resistencia organizadas por Haile Selassie, que vio la obligación de escapar al exilio. El de 5 de mayo de 1936 las fuerzas italianas toman la capital etíope Addis Abeba.
El 7 de abril de 1939, siguiendo sus políticas expansionista, Italia fascista envía cerca de 60 000 soldados través del estrecho de Otranto para tomar por asalto los principales puertos de Albania. Sin mucha resistencia los soldados italianos ocuparon las ciudades principales. Al día siguiente consiguen tomar Tirana, capital de Albania.
4.3. Afán  imperialista de Japón.
A inicios de la década de los años 30, la crisis económica mundial afectó gravemente a Japón, un país privado de recursos naturales y de un notable crecimiento demográfico. Sus exportaciones se vieron afectadas por las medidas proteccionistas de las potencias occidentales. Esta situación suscitó problemas internos y conflictos sociales en el imperio Japonés.
En consecuencia, “la gente empezó a apoyar a los militares, pensando que la única manera de salvar al país de la bancarrota era la conquista de nuevos territorios” (Mechaca, 2006, pág. 86). Es así que, aprovechando la situación de las potencias occidentales, a causa de la crisis de 1929, mostraron interés en China como objetivo de su expansión. Además, China, que se encontraba militarmente dividida y debilitada en una guerra civil, poseía materias primas (hierro, carbón y fibras) que el imperio japonés necesitaba.
El 18 de septiembre de 1931 tuvo lugar el incidente de Mukden, donde un tramo del Ferrocarril del sur de Manchuria, compañía de propiedad japonesa, fue dinamitado. Este incidente fue preparado por el mismo ejército nipón para servirse de pretexto e iniciar una invasión sobre China. Alegando legítima defensa, los japoneses se apoderaron de Mukden y otras ciudades chinas.
En febrero de 1932, el imperio del Japón, con la ayuda de políticos chinos y un falso movimiento de liberación, proclamó Manchuria un Estado independiente de China. Ante esta situación, China denunció la agresión nipona ante la Sociedad de Naciones. Pero no se decretó ninguna acción.
Los japoneses prosiguieron con su expansión imperialista invadiendo territorio al sur de la gran muralla china hasta llegar amenazar Pekín. El 27 de marzo de 1933 Japón se retira de la Sociedad de Naciones. La política de expansión territorial nipona alteró las relaciones internacionales en Asia oriental. (Fuentes, 2004)
5. La debilidad de las democracias
La Primera Guerra Mundial y la posterior crisis económica de 1929, tuvo como consecuencia dejar una situación de crisis y debilidad a las potencias democráticas europeas.  “Estas circunstancias fueron aprovechadas por las potencias [de Alemania, Italia y Japón] para emprender una agresiva campaña de reivindicaciones territoriales que implicaba de hecho la alteración de los acuerdos de 1919” (Lozano Cámara, 2004). Ante esto, los países como Francia y Reino Unido implementaron una política de apaciguamiento, cuyo principal personaje valedor fue el primer ministro del Reino Unido Neville Chamberlain.
Bajo la política de apaciguamiento, fueron permitidos constantes violaciones al Tratado de Versalles por parte del Führer alemán.  Esto se evidencia en la no intervención ante la militarización alemana de la región occidental de Renania. En  el rearme militar del Tercer Erich implementado desde 1933, que permitió a Hitler organizar una de las fuerzas militares más poderosas del mundo. Y en la anexión de Austria y Alemania, en marzo de 1938.
La desastrosa política de apaciguamiento tuvo su momento culminante en la Conferencia de Munich en 1938, donde el primer ministro inglés Chamberlain y su similar el francés Daladier aceptaron las garantías ofrecidas por Hitler de no pedir ninguna otra reivindicación en Europa a cambio de los Sudetes. Sin embargo, luego de seis meses, Hitler invadiría el resto de Checoslovaquia e invadiría Polonia. Esto desacreditó la política de apaciguamiento de Chamberlain, quien fue remplazado por Winston Churchill.
6. Carrera armamentista
“La Sociedad de las Naciones y las conferencias sobre la limitación de armamentos y desarme, que hasta entonces se habían venido haciendo, no habían surtido los efectos deseados. Europa, así, se vio empeñada en una nueva carrera armamentista, especialmente Alemania” (Castillo Morales, 1986, pág. 92)
En 1934, Hitler anunciaría públicamente la ampliación del ejército alemán de 100 000 a 600 000  hombres, además la apertura de la  Luftwaffe y el incremento de su fuerza marítima (National, 2012). Además de ello, las fábricas comenzaron producir todo tipo de armamento militar. Los alemanes produjeron armamentos bélicos, naves, aviones de combate, blindados, acorazados, submarinos, etc.  Se sabe que Hitler en 1936, después de la visita de David Lloyd George, ex primer ministro de británico, dirigiría un memorando secreto a sus ministros que diría lo siguiente:
El mundo se dirige a un nuevo conflicto, convertir al ejército alemán en el primero del mundo es de vital importancia, si esto no ocurre Alemania estará perdida, debemos prepararnos para ir a la guerra en el plazo de cuatro años. (Batty, 2004).  
Al igual que Alemania, Italia destinó gran parte de su presupuesto a la producción de equipo bélico.  Los fascistas afirmaban contar con más de ocho millones de bayonetas listas para combatir (Zapater, Rodriguez, y Lahoz, 2010).
Por otro lado, las otras potencias como “Inglaterra, Francia y Rusia, aunque en menor escala, hicieron grandes inversiones en procura de renovaciones y equipamiento de sus ejércitos para una guerra que ellos veían próxima a estallar, pero que, a toda costa trataban de evitar” (Castillo Morales, 1986, pág. 93).
7. Fracaso de la Sociedad de Naciones
El 28 de junio de 1919 se crea Las Sociedad de Naciones por las disposiciones del Tratado de Versalles. Este organismo, de carácter internacional, tuvo como objetivo establecer las bases para la paz y la reorganización de las relaciones internacionales  finalizada la Primera Guerra mundial. No obstante, desde sus inicios este organismo tuvo una serie de problemas ocasionados por una serie de razones. Uno de estas razones fue la no adhesión  de los Estados Unidos, como potencia mundial, a su organismo. Por otro lado, Alemania y la URSS fueron excluidas, el primero por ser un país vencido y el segundo por tener un  régimen de carácter comunista. 
En 1931, la débil reputación de la Sociedad de Naciones se vería socavada al no poder dar sanciones efectivas al imperio de Japón y no restaurar la soberanía de China. La reputación de este organismo internacional se agravó más aun cuando las sanciones que impusieron a Italia en 1935, a causa de la invasión a Etiopía, fueron inútiles.  Por otro lado, las políticas de apaciguamiento de Francia e Inglaterra marginaban a la Sociedad de Naciones al tratar los asuntos internacionales.
Se puede declarar que la sociedad de Naciones carecía de autoridad efectiva para guiar las acciones internacionales contra conflictos o agresiones entre Estados, siendo ineficaz para mantener la paz mundial. El estadillo de la Segunda Guerra mundial en septiembre de 1939 mostró el fracaso final de la Sociedad de Naciones y su razón de existir.
Referencias
Artola, R. (1995). La Segunda Guerra Mundial. Madrid: Alianza Editorial Madrid.
Batty, D. (Dirección). (2004). La Segunda Guerra Mundial en Color [Película].
Benavides, A., Narrea, M., Terry, D., & Díaz, P. (1999). Hisotira Universal. Lima: Escuela Nueva.
Castillo Morales, J. (1986). Historia Universal. Lima: Jalsa.
Crimberg, C. (1987). Historia Universal (Vol. XXXIX). Lima: Gente S.A.
Cuenca Toribio, J. M. (1989). Historia de la segunda guerra mundial. Madrid: Espasa Calpe.
Delgado de Cantú, G. (2000). El mundo moderno y contemporaneo. México: Pearson Educación.
Fuentes, J. F. (2004). Historia universal del siglo XX. España: Editorial Sintesis.
Henri, M. (1972). La segunda guerra mundial. Barcelona, España: ¿Qué sé?
Hernández, J. (2009). Breve Historia de la Segunda Guerra Mundial. España: Ediciones Nowtilus.
Instituto de Ciencias y Humanidades. (2008). Historia de la humanidad. Lima: Lumbreras editores.
Larousse. (1992). Gran Historia Universal Larousse. Barcelona: Larousse S.A.
Lozano Cámara, J. (2004). Revista Digital de Historia y Ciencias Sociales. Recuperado el 2013 de Agosto de 1 , de http://www.claseshistoria.com/
Mechaca, F. (2006). Historia Universal Contemporanea. México D.F.: CENGAGE learning.
N. G. (Dirección). (2012). Apocalipsis La Segunda Guerra Mundial [Película].
Veloso, A., & Alba, L. (2013). Antecedentes2guerra. Recuperado el 1 de Agosto de 2013, de http://antecedentes2guerra.wikispaces.com/
Zapater, I., Rodriguez, J. M., & Lahoz, F. (2010). Historia del mundo Contemporaneo. Madrid: COU Santillana.


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